¿Sos solidario?

Hace unos días fue el día de la solidaridad, ¿por qué?, ¿qué quiere decir esta palabra?, ¿qué te dice a vos?, y ¿qué nos dice sobre esto Jesús? En Argentina el 26 de agosto se celebra el Día Nacional de la Solidaridad en conmemoración a la Madre Teresa de Calcuta que nació ese día en el año 1910.

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En Chile, este día se celebra el 18 agosto en conmemoración del P. Alberto Hurtado quien luchó contra la pobreza. En los restantes países de América Latina este día está a veces vinculado con otros temas o no tiene fecha clara.

La ONU (Organización de las Naciones Unidas) estableció el 20 de diciembre como el Día Internacional de la Solidaridad Humana y dice respecto a la misma: “La solidaridad es uno de los valores fundamentales y universales en que deberían basarse las relaciones entre los pueblos en el siglo XXI.”.

En el Evangelio nos encontramos con la vida de Jesús que de principio a fin nos habla de ser seres solidarios. Cito palabras de Francisco dichas a los pobres y presos en la Catedral de de Cagliari (22 de septiembre de 2013): “Y mirando a Jesús nosotros vemos que Él ha elegido el camino de la humildad y del servicio. Es más, Él mismo en persona es este camino. Jesús no fue indeciso, no fue un «indiferente»: hizo una elección y la llevó adelante hasta el fondo.(…) Por ello vemos que la caridad no es un simple asistencialismo, y menos un asistencialismo para tranquilizar las conciencias. No, eso no es amor, eso es negocio, eso es comercio. El amor es gratuito. La caridad, el amor es una opción de vida, es un modo de ser, de vivir, es el camino de la humildad y de la solidaridad. No hay otro camino para este amor: ser humildes y solidarios. Esta palabra, solidaridad, en esta cultura del descarte —lo que no sirve, se tira— para que queden sólo los que se sienten justos, los que se sienten puros, los que se sienten limpios. Pobrecitos. Esta palabra, solidaridad, corre el riesgo de que sea suprimida del diccionario, porque es una palabra que molesta, molesta. ¿Por qué? Porque te obliga a mirar al otro y a darte al otro con amor.”

El 25 de mayo de 2013, el Papa dijo: “He aquí entonces la exigencia de «repensar la solidaridad» ya no como simple asistencia con respecto a los más pobres, sino como repensamiento global de todo el sistema, como búsqueda de caminos para reformarlo y corregirlo de modo coherente con los derechos fundamentales del hombre, de todos los hombres. Pienso que es necesario, hoy más que nunca, educarnos en la solidaridad, redescubrir el valor y el significado de esta palabra tan incómoda, y muy frecuentemente dejada de lado, y hacer que se convierta en actitud de fondo en las decisiones en el plano político, económico y financiero, en las relaciones entre las personas, entre los pueblos y entre las naciones”.

A veces se nos escapa la magnitud de lo que implica ser solidario y lo llevamos a acciones acotadas y no lo entendemos como una forma de vivir. Cuando pensaba esta nota y me encontraba gugliando me encontré con varios discursos de Francisco del año pasado. Por ejemplo, en el marco  de un congreso sobre Alimentación de la ONU y entendiendo a la solidaridad como algo más complejo que lo que a veces consideramos dijo respecto a la industria alimenticia : “… repensar y renovar nuestros sistemas alimentarios desde una perspectiva de la solidaridad, superando la lógica de la explotación salvaje de la creación y orientando mejor nuestro compromiso de cultivar y cuidar el medio ambiente y sus recursos, para garantizar la seguridad alimentaria y avanzar hacia una alimentación suficiente y sana para todos. Esto comporta un serio interrogante sobre la necesidad de cambiar realmente nuestro estilo de vida, incluido el alimentario, que en tantas áreas del planeta está marcado por el consumismo, el desperdicio y el despilfarro de alimentos.

“Educar en la solidaridad significa entonces educarnos en la humanidad: edificar una sociedad que sea verdaderamente humana significa poner siempre en el centro a la persona y su dignidad, y nunca malvenderla a la lógica de la ganancia».

Madre Teresa

En 1949 fundó la orden de las Misioneras de la Caridad, en 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz y el 5 de septiembre su vida terrena llegó a su fin.  Comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía y salía de casa, con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en “los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba”. “Cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible, pero no lo es. Esa es la lógica del amor”.

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Nota para Revista Bienaventurados.-

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