Reconectar con nuestra humanidad

La acción humanitaria es el conjunto diverso de acciones de ayuda a las víctimas de desastres (desencadenados por catástrofes naturales o por conflictos armados), orientadas a aliviar su sufrimiento, garantizar su subsistencia, proteger sus derechos fundamentales y defender su dignidad así como, a veces, a frenar el proceso de desestructuración socioeconómica de la comunidad y prepararlos ante desastres naturales. La ayuda y la acción humanitarias se caracterizan por una serie de principios éticos y operativos, entre los que destacan la humanidad, la imparcialidad, la neutralidad y la independencia.

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Les presento a Diana Gargano, una italiana de 34 años que una amiga mía conoció cuando fue voluntaria en Pakistán. Ella hace 6 años se dedica a esto y vivió en 4 países.

¿Por qué elegís trabajar en asistencia humanitaria?

Empecé a trabajar en asistencia humanitaria porque quería viajar alrededor del mundo, no como una simple turista sino como agente de un cambio positivo. De chica, me encantaba pasar mi tiempo libre ayudando como voluntaria en mi ciudad natal y nunca me imaginé a mi misma trabajando en una empresa ni en un banco. Con el paso del tiempo, fui progresando en mi camino como trabajadora humanitaria y me di cuenta de que hago este trabajo para ayudarme a mí a convertirme en una mejor persona por medio de lo que aprendo de las culturas que me alojan y realizando esfuerzos para ofrecer oportunidades a aquellos a quienes la vida les dio menos chances. Por último, creo que sólo podemos dar algo a los demás si estamos abiertos a recibir y a amarnos a nosotros mismos primero.

¿Podrías contarnos acerca de dos experiencias en las que tu trabajo tuvo más impacto positivo? 

Mi experiencia en Filipinas, como delegada de subsistencia para la Cruz Roja, fue muy positiva. Por medio de un proyecto de rehabilitación para las víctimas del Tifón Yolanda, asistimos a comunidades rurales vulnerables a recuperar los ingresos que habían perdido generando actividades basadas en las necesidades del mercado. Por ejemplo, ayudamos a una asociación local a armar un cultivo de hongos con el objetivo de generar ingresos mediante la venta de hongos frescos, secos y procesados, a la vez que se promovía un alimento de gran valor nutricional. Organizamos capacitaciones sobre el cultivo de hongos y todos aprendimos y nos divertimos muchísimo. ¡Y, además, todos en la zona se volvieron fanáticos de los hongos!

Otra experiencia positiva fue en Madagascar, trabajando para la Cruz Roja como Delegada de Reducción de Riesgos de Desastres. El proyecto que llevábamos a cabo con comunidades rurales se enfocaba en promover prácticas y sistemas de mitigación para una mejor preparación en épocas de desastres naturales. Las comunidades aprendieron cómo manejar mejor los riesgos existentes (como ciclones e inundaciones) mediante el trazado de mapas de riesgos y planes de contingencia, la práctica de simulacros y el uso de sistemas de alarmas tempranas, y la creación de estructuras de mitigación a pequeña escala. También asistimos a las mujeres con la creación de cantos acerca de la reducción de riesgos de desastres. Fue increíble ver cómo las mujeres creativas y activas se desenvolvían creando música con instrumentos básicos mientras transmitían mensajes muy útiles para la comunidad.

Revista Bienaventurados, agosto 2016.-

 

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