¿Qué decimos cuando hablamos?

Celebramos las primeras palabras que dice un niño, nuestros padres nos recuerdan cuáles fueron y cómo fue ese gran acontecimiento. Pasan los años, y ya no reparamos mucho en cómo hacemos uso de ellas. Entendemos que hay distintas clases de palabras. ¿Las buenas y las malas? Nadie puede negar que las palabras hacen cosas: acercan, agreden, alegran, defienden, etc. Decir es hacer y es transformar.

20160818_142049 (1)

Pero resulta que lo que más sale de nuestra boca tiene que ver con: “qué fiaca, no doy más”, “que día feo”, “estoy cansada”, “no, no, no”. Muchas veces arrancamos una respuesta diciendo “no”, ¿no les pasó? A mí me pasa. Un profesor en la facultad, buscando fomentar nuestro mejor uso de la palabra, nos solía amedrentar un poco haciendo preguntas y nos impedía decir “no” para iniciar la frase. Terrible muletilla de la que estamos poseídos y que no es casual. ¿Por qué digo esto? Porque creo que ese “no” inicial es parte de un modo de vivir que se relaciona con “qué fiaca”, “qué día feo”, etc. Tendemos a detenernos en lo negativo.

En la cultura Tolteca había cuatro principios y uno de ellos se conoce como “SÉ IMPECABLE CON LA PALABRA” o también como “HONRA TUS PALABRAS”. Esto porque, según ellos, “las palabras poseen una gran fuerza creadora, crean mundos, realidades y, sobre todo, emociones. Las palabras son mágicas: de la nada y sin materia alguna pueden transformar lo que sea. Lo que sale de tu boca es lo que eres tú. Si no honras tus palabras, no te estás honrando a ti mismo. Honrar tus palabras es honrarte, es ser coherente con lo que pensás y con lo que hacés”.

Las palabras condicionan cómo pensamos, cómo sentimos y qué hacemos. Cuántas veces decimos “tengo que” en vez de decir “quiero hacer tal cosa”. Cuántas palabras usamos como “relleno” en conversaciones que no sólo carecen de sentido, sino que su sentido es pobre, y hasta nocivo. ¿Le suenan estas palabas? “Obvio”, “malísimo”, “re”, “nada”. ¿Nunca empezaste una oración diciendo “Nada, te quería contar que…”? Mi profesor hubiera dicho: “Si dijiste nada, ¡¡no hables!!”

Jorge Luis Borges, decía que las palabras no son abstractas sino concretas y mágicas. “…la abstracción es una facultad del espíritu del lenguaje, resultado del abandono, por parte del ser humano, de las cosas, para someterlas: el lenguaje del ser humano deja la inmediatez de la comunicación de lo concreto, a saber, la expresión del ser interior de las cosas en el nombre, y cae en el abismo de la mediatez de toda comunicación, la palabra como medio, la palabra vana, el abismo de la charlatanería”. Leyendo esto lo conecté con Mateo 5, 37 cuando dice “Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno”.

Dicho todo esto, me gustaría cerrar con las palabas de Liliana Bodoc, escritora argentina, que en una charla TED dijo “Si alguna vez nos toca quedarnos sin palabras que sea porque estamos maravillados y no vacíos”.

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres”. (Jn. 1, 1-5)

Bienaventurados 2014.-

¿Qué decimos cuando hablamos?
Tagged on: